Unos
años más tarde, la caravana crece al igual que lo hacen sus posibilidades. Se
dividen en gremios y todos y cada uno de ellos tienen una labor. Hace algún
tiempo, en un viejo taller, encontraron dos autobuses en buen estado. Los
gemelos hicieron un extraordinario trabajo con uno de ellos. Daniel, antes de
diseñar el interior, le preguntó a Eva que era exactamente lo que necesitaba.
Después Darío formó un grupo de recogida de material. Andaban escasos de
algunas cosas: vendas, antibióticos,
gasas, pero, lograron convertir esa
chatarra en un hospital móvil.
Daniel
es meticuloso, calmado y algo excéntrico. Transporta siempre consigo una
correa, colgada en bandolera, que sujeta un desgastado y abollado cilindro,
donde guarda sus láminas, trabajos de diseño y estructuras. En su cinturón, un
trozo de cuero enrollado sobre sí mismo, donde transporta sus lápices y una
vieja navaja con la que les saca punta. Siempre, bien peinado de aspecto
estirado, da órdenes a Darío que, fiel y obediente, sigue sus instrucciones,
aunque de una forma alocada y rebelde. No obstante, su siempre simpática
actitud, con esa personalidad enérgica y vigorosa, hace de Darío la pieza
necesaria para que los proyectos de su hermano encajen como un puzle. Daniel
era capaz de imaginar y diseñar un cohete, pero, es Darío, el encargado de
buscar todo lo necesario, unirlo y que salga proyectado hacia el espacio
(siempre que supieran dónde dirigirse, claro)
Cada
nuevo vehículo debe luego pasar por los miembros del gremio de defensa y auto alimentación. Aquél grupo que
rescataron, en una planta de energía alternativa, fue fundamental. Les enseñó
como recubrir las caravanas con lo que llamaban “micro retícula metálica
ultraligera” (m.e.m.u). Este material, en fase de experimentación, casi tan
ligero como el aire, obtiene energía del sol y, su extraordinaria resistencia,
es ideal para la defensa. De ahí que a los vehículos de reconocimiento que usan
los rastreadores se les llame “armadillos” ya que una vez pasado el proceso de
transformación, tienen un aspecto totalmente indestructible.
Yo
pertenezco al gremio de rastreadores más jóvenes. Con tan sólo diecisiete años, mis expediciones
se extienden a varios kilómetros de la caravana y a servir de apoyo al grupo
más experimentado en la búsqueda de nuevas áreas de la colmena. La cual, día a
día, iba mostrando partes de su interior dejándolas al descubierto a su
voluntad. Laura nos explicaba que en la vieja tierra existían animales muy
pequeños que hacían sus refugios bajo el suelo y, a medida que crecía la
comunidad, iban abriendo salas tan solo cavando la tierra, como un laberinto.
Pero eso no era todo lo que nos ofrecía. Cada noche, su ubicación cambiaba.
Cuando el último rayo de sol se ocultaba en el horizonte y salíamos, el
exterior de la colmena nos ofrecía un nuevo lugar que explorar, como si supiera
dónde ir y a quién encontrar.
No
era fácil la incursión en lugares anteriormente habitados. En ocasiones, el
miedo y la desconfianza de las personas que permanecían escondidas, nos jugaba
malas pasadas. Aunque íbamos prevenidos, las emboscadas y los francotiradores
nos hacían más difícil nuestra misión de ayuda y abastecimiento. Por eso, los
gemelos diseñaron y crearon nuestra más preciada defensa. Con tres puntos de
apoyo, los dos hombros y el cuello, disponía de un mecanismo que se activaba
automáticamente ante la presencia de un aumento o disminución de temperatura.
Lo que aparentemente parecía una mochila, desplegaba, en décimas de segundo,
una m.e.m.u cápsula alrededor de la cabeza como si de un casco se tratara y
cubriendo el cuerpo igual que una armadura. De forma inversa, al volver el
entorno a una temperatura normal, el mecanismo volvía a su estado inicial.
Aquella
noche, mi padre quiso que el equipo de jóvenes rastreadores le acompañáramos.
La noche se iluminaba con una enorme luna tan lejana como hermosa. Eso nos
permitía mayor visión sin necesidad de utilizar los focos que podían
delatarnos. Los vehículos solares proporcionaban, con más eficacia, la posibilidad
de avanzar silenciosamente.
Hay que ver, se termina en lo interesante, ¡yo quiero más!
ResponderEliminarMmmmm....qué interesante, ¡me gusta!
ResponderEliminarUn abrazo muy fuerte,
Maica